El bilingüismo, su desarrollo y sus consecuencias

 

Hace ya diez años que arrancó en la Comunidad de Madrid la que ha sido, junto con el bachillerato de excelencia (que merece por sí solo un artículo aparte), la única aportación en positivo que ha hecho el PP autonómico en materia de educación. El resto de las aportaciones sólo han recortado becas, sueldos, profesorado, fusión o cierre de centros, etc. En el año 2004 arrancó el Programa de Bilingüismo en 26 colegios. Diez años más tarde se ha extendido a 335 colegios y 96 institutos, que viene a ser el 40% de los centros públicos de esta mal llamada Comunidad.

Comprendemos la importancia de que el alumnado mejore sus competencias lingüísticas en inglés, aunque creemos que también deberían mejorar sus competencias artísticas, científicas, humanísticas… La cuestión es que la aplicación del bilingüismo ha conllevado un cambio muy radical en la forma de estructurar las enseñanzas de Primaria y Secundaria, y esto se ha hecho sin que hubiera ningún debate previo (como acostumbran a hacer por estos lares) y, lo que es peor, sin ningún análisis posterior. Sí ha habido alardes de optimismo como el protagonizado por Pablo Hispán, Director General de Mejora de la Calidad de Enseñanza de la Comunidad de Madrid que, sin ningún argumento adicional, afirma que “…el Programa Bilingüe ha sido un éxito rotundo…”. Desde la CGT de Madrid nos ha parecido oportuno entrar a valorar este tema, pero exigimos que las autoridades lleven a cabo de una vez una evaluación oficial, con cifras, de este fabuloso proyecto. Si hay cosas que se han hecho mal, que se revisen y reparen, y si ha sido el éxito rotundo que pretenden nuestros gobernantes, que se extienda a toda la Comunidad, a España y al mundo entero. En todo caso la falta de planificación y los globos sonda que emanan habitualmente de la Consejería nos hacen dudar de que se lleve a cabo este análisis imprescindible. Valga como ejemplo que a mediados de junio de este año nuestras autoridades estuvieran valorando hacer extensible este programa a bachillerato para el curso 2014/15, aunque no se sabía ni de qué manera, ni en qué condiciones.

Nos ha llamado la atención que la FEDEA (Fundación de Estudios de Economía Aplicada, patrocinada por los mayores bancos y cajas de ahorros de España,“fábrica de ideas” poco sospechosa de filo-anarquista) sí haya hecho una valoración de este programa, y en ella se afirme: “nuestros resultados indican que hay un claro efecto negativo en el aprendizaje de la asignatura enseñada en inglés para los niños cuyos padres tienen, como máximo, estudios secundarios obligatorios”. Es decir, según este estudio, la aplicación del bilingüismo en nuestra Comunidad perjudica a las clases sociales menos favorecidas. Tal cual.

Tenemos que admitir, en todo caso, que muchos profes atestiguan que el nivel de inglés del alumnado de Sección es incomparablemente mejor de lo que era con el sistema anterior, y que el nivel de competencia que estos alcanzan en sus respectivas asignaturas no parece resentirse por estar siendo impartida en otro idioma. Pero el enfoque económico y social es, como siempre, fundamental ¿Qué tipo de familias pueden llevar a sus hijos a academias o a cursos de verano en Irlanda para que puedan estar al nivel esperado? No todas, no todas.

¿Dónde residen algunos de los males de este bilingüismo? Sobre todo en la segregación que produce entre los centros educativos de las localidades y los barrios, y dentro de los propios centros bilingües, tanto a nivel del alumnado como de los docentes. Todo esto sin hablar de la vieja polémica de la habilitación de profesores de inglés que deben demostrar, por segunda vez, que valen para impartir las mismas clases que impartían antes ¿Tan poco se fían nuestras autoridades de los aprobados que ellas mismas dieron en los concursos de oposición?

Segregación de centros: Como la ideología imperante pretende que la competencia entre personas, empresas, instituciones o países es el único motor del progreso (¿Qué entenderá esta buena gente por “progreso”?), se ha querido aplicar este principio a la organización del sistema escolar, en perjuicio de la planificación, las necesidades reales o la colaboración. Se ha puesto a competir a unos centros escolares contra otros para que reciban más o menos recursos económicos en función de sus resultados académicos, para que consigan más peticiones de matrícula y puedan seleccionar a su alumnado, lo mismo con su plantilla de docentes… De momento, al aceptar que algunos centros de cada barrio o localidad sean bilingües y otros no, y a la vista de que suelen ser mejores estudiantes los que consiguen entrar en la Sección, se está produciendo, en la práctica, una catalogación de centros de primera y de segunda categoría. Como además es previsible que, en ese remanso de paz, disciplina y desarrollo académico en que se convierten, a menudo, los centros que han optado por el bilingüismo, se obtengan mejores calificaciones, se les dote con más recursos económicos, como permite la LOMCE con total descaro. En lugar de apoyar a quien más lo necesite se reforzará a quien ya goza de las mejores condiciones. Toda una declaración de principios.

Todavía no existen centros (de secundaria, al menos) en los que no exista algún grupo de Programa (alumnado que no tiene suficiente nivel como para seguir las clases en inglés), pero sí los hay que tienen cuatro grupos de Sección y sólo uno de Programa. El siguiente paso natural es que haya centros que se dediquen exclusivamente a alumnado bilingüe.

Segregación del alumnado: Hay alumnos y alumnas que acuden a centros de Primaria o de Secundaria no bilingües y reciben la educación en castellano con las correspondientes clases de inglés en sus horarios, pero todo el alumnado que, después de la Primaria, se matricula en un centro de secundaria bilingüe tiene que pasar las prueba externas de sexto, que le cualifica para entrar en los grupos llamados de Sección, que son los que reciben las clases de determinadas asignaturas en inglés o en el idioma extranjero correspondiente (francés, alemán o italiano), que pueden ser todas, excepto Lengua Castellana (tiene todo el sentido) y Matemáticas (no comprendemos el motivo). Pero dentro de esos mismos centros del programa bilingüe existe lo que, paradójicamente, se llama grupos de Programa. Los alumnos y alumnas de Programa no tienen un nivel de inglés que les permita seguir las clases en ese idioma, así que tienen las asignaturas en castellano excepto alguna (indefectiblemente Educación Física, Educación Plástica, Música o Tecnología. Tampoco comprendemos la razón, aunque nos la imaginamos), y más horas de inglés a la semana que en un centro no bilingüe.

Curiosamente coincide en un porcentaje altísimo que el alumnado de Programa es el que tiene peores calificaciones y peor comportamiento. No es que se les haya separado de los “buenos” estudiantes por ese motivo. Se supone que el nivel de inglés es el único criterio para entrar en Sección o en Programa, pero al final se forman guetos dentro de los propios centros, con chavales que quedan prácticamente condenados a los malos resultados, a ser atendidos por el profesorado menos veterano, a las broncas permanentes, a agolparse en el aula en algunas ocasiones…

En algunos centros, es cierto, se hace un esfuerzo mayor con el alumnado de Programa y se procura que al menos haya menos chavales por aula. Tiene sentido porque, si el comportamiento del alumnado de Sección casi siempre es mejor, se les puede apretar un poco más. En otros institutos, sin embargo, se aprovecha para apuntillar a lo que les debe parecer simplemente “chusma”, y son los grupos de Programa los que se suben unos encima de otros porque no caben en el aula. Suelen ser los mismos centros que procuran sacar a esos alumnos o alumnas de la Sección aunque no tengan problema para seguir las explicaciones en inglés, porque no sacan buenas notas o dan demasiada guerra. Debe quedar claro que semejantes comportamientos no son generalizados, pero sí que ocurren y somos, a menudo, los propios docentes los que los fomentamos.

Segregación entre los docentes: Los centros son bilingües porque, en un momento dado, sus claustros votaron a favor (no sabemos si se sigue haciendo democráticamente o si ya depende sólo de la decisión de la persona que dirija el centro). Se presionó al profesorado para que votara a favor diciendo que se iba a revitalizar el centro, que iban a recibir a mejores alumnos, que a algún centro de la localidad se lo iban a dar y que lo mejor era adelantarse a los demás… y garantizaban que ningún profe sería desplazado a causa del Bilingüismo. En todos ellos se ha terminado por desplazar a funcionarios/as con plaza definitiva porque no hablaban inglés (o francés, que también los hay). Era una mentira obvia; Si en los primeros años sólo hace falta un profe habilitado para cada departamento, a medida que pasa el tiempo los chavales de los cursos más altos también reciben las clases en otro idioma y hacen falta más profes bilingües…. y sobran los monolingües.

De esta forma los trabajadores/as que no tienen la habilitación ven mermados y hasta anulados sus derechos laborales. De entrada compañeros/as interinas habilitadas, pueden desplazar a compañeras que llevan años trabajando en sus centros. Otros profes no salen desplazados pero, a pesar de la antigüedad en el cuerpo, ven cómo no se realiza la rueda de elección de cursos y terminan en aulas de 30 y pico alumnos con varios repetidores, unos cuantos disruptivos… El bilingüismo ha traído, en fin, un aumento de la inestabilidad de las plantillas, con desplazamientos forzosos y mucho resentimiento.

Luego está el caso de los funcionarios de carrera en expectativa de destino, que antes encontraban centro donde les venía mejor, y ahora les tienen hasta bien entrado septiembre sin saber qué van a hacer, les asignan un centro en cualquier lado y, lo mejor, como no suele haber sitio para un profe no habilitado de su departamento, les ponen a dar las asignaturas más variopintas o les rellenan el horario con guardias de biblioteca, MAEs, FPBs y demás.

Lo del profesorado nativo se ha comentado ya largo y tendido pero merece reflexión aparte. Como el PP no oculta que le disgusta el carácter funcionarial de los servicios públicos, lleva años intentando contratar a profesionales que hagan el mismo trabajo sin haber pasado por unas oposiciones. Este tipo de contrato facilita el despido, favorece las relaciones jerárquicas basadas en el miedo y la sumisión, y dificulta la unión sindical de estos trabajadores de segunda categoría. Al traer nativos para hacer el trabajo de los funcionarios matan dos pájaros de un tiro: se dan golpes en el pecho declarando que mejora la calidad del inglés que reciben los niños madrileños y, de paso, meten una potentísima cuña en el sistema de contratación que venimos utilizando desde hace años y se evita que los trabajadores tengan demasiado derechos incómodos. Lo siguiente será la contratación de personas “enormemente capacitadas” para enseñar determinadas asignaturas pero que no se han presentado nunca a las oposiciones y que pasan por delante de los funcionarios o interinos con experiencia docente.

Por último, no queda más remedio que denunciar lo mal que, con frecuencia, se hacen las cosas dentro del aula. Profes habilitados que hablan peor que Tarzán (estar habilitado no equivale en absoluto a “ser bilingüe”), que les da pereza y terminan dando sus clases en español, que les colocan un segundo profe nativo, y tienen que pagar dos sueldos para cada hora de clase… También está la cuestión de las tutorías que tienen que ser en inglés obligatoriamente; es una catástrofe porque ni el profe a menudo, ni el alumnado en absoluto, tienen el nivel de inglés suficiente como para dialogar de temas sensibles o profundos en ese idioma. Es una forma de devaluar una parte de nuestro trabajo que es imprescindible y que nunca les ha gustado por ser demasiado progre (“En mis tiempos no había tutorías ni zarandajas y hemos salido todos la mar de bien”). Se parece a lo que intentaba Camps en la Comunidad Valenciana de que se diera Educación para la ciudadanía en inglés. Y la cuestión del sobresueldo; Los profes bilingües cobran un complemento extra por hacer el mismo trabajo durante las mismas horas. Una vez más se divide al profesorado en categorías económicas. ¡Pedimos un cuerpo único docente ya!

Conclusión: Con la dudas planteadas hasta ahora de aprovechamiento pedagógico de parte del alumnado, segregación entre los centros de cada barrio, segregación entre alumnado de Sección (primera categoría, “los Buenos”) y alumnado de Programa (ínfima categoría, “los Torpes”) y cabreo entre el profesorado, ¿todo esto a quién beneficia directamente? Pues por lo menos a nivel económico, la respuesta parece clara: A una empresa privada llamada Cambridge University que parece ser es la única capacitada para decidir el nivel de inglés de nuestros alumnos ¿Dónde están los compañeros de la Escuela Oficial de Idiomas?, ¿Acaso no tienen capacidad suficiente para evaluar a nuestros jóvenes estudiantes? ¿Cuánto dinero ha derivado la administración madrileña para pagar estos exámenes a un coste de 72 euros el de PET y KET, y 122 euros el de First Certificate? (Entre dos y tres mil euros por cada centro de primaria, y entre cinco y seis mil euros anuales los de secundaria). Más gravedad tienen todos estos datos cuando encima los evaluadores de Cambridge pasan por encima del criterio de los profesores de cada centro, que son los que conocen realmente las capacidades y competencias de cada uno de sus alumnos, y obligan a presentarse a todos los alumnos de 6º de primaria, 2ºESO y 4ºESO aunque se sepa que no pueden aprobar. ¿Cuál ha sido el coste total de todos estos exámenes, en especial en los últimos años de recortes presupuestarios y de personal? Calculando a lo bruto, unos 800.000 euros anuales. Eso mientras se racanea miserablemente a la hora de cubrir la baja por enfermedad de un profesor. ¡Inaudito!

No sabemos si la enseñanza de algunas asignaturas en otro idioma distinto del materno es buena idea o no. Tal vez lo sea. Lo que sí sabemos es que la manera en que están aplicando este programa es chapucera e injusta. Que paren un momento, que evalúen lo que ha ocurrido hasta ahora, que hagan una propuesta razonable que garantice los derechos y resuelva las necesidades de las personas implicadas, que se discuta todo ello en asambleas amplias del sector educativo, y que se aplique lo que allí se decida. Estaremos encantados/as entonces de decir: Bilingüismo SÍ.

Fuente original: CGT Madrid http://cgtmadrid-ensegnanza.org/sc/e-comunica.php#t2

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